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Publicado en PARAULA-Iglesia en Valencia el 22 septiembre 2002. El “ecumenismo” es uno de los grandes retos de la Iglesia. Para entender qué es, don Rafael Sarachaga García, doctor en Derecho Canónico, licenciado en Teología en la universidad de Frankfurt y que fue durante veinte años responsable de la iglesia católica en Suecia, nos descubre algunas de las claves que todos debemos saber. |
Es el movimiento que surge entre cristianos en el siglo XX buscando el acercamiento mutuo. Es un movimiento claramente inspirado por el Espíritu Santo. Nace en el mundo anglicano y se extiende después al mundo luterano y a la Iglesia católica. No trata de las relaciones entre todas las religiones, sino sólo entre cristianos.
Todos los que consideran que hay que trabajar para que los cristianos se unan en una sola Iglesia como Cristo lo quiso. A partir del Concilio Vaticano II lo promueve, principalmente, la Iglesia católica, que hoy lidera el movimiento con el Papa a la cabeza; es su principal intención en sus viajes y actividad. Los grandes líderes anglicanos y luteranos secundan intensamente el ecumenismo.
El principal es la oración: la personal y la conjunta entre cristianos. También por medio de encuentros. Ha habido y hay encuentros entre teólogos de las diferentes Iglesias que estudian los temas del concepto de Iglesia, papado, episcopado, sacramentos, reconocimiento mutuo de lo que todos compartimos, la aplicación en la práctica pastoral, como matrimonios, vida sacramental, actuación conjunta ante la sociedad civil para defender principios cristianos, utilización conjunta de templos...
La separación de los cristianos ha sido siempre una herida en la Iglesia y siempre ha habido voluntad de curarla. Desde el comienzo del ecumenismo actual en el Movimiento de Oxford en Inglaterra en el siglo XIX surgieron personalidades influyentes en el cristianismo, como el cardenal Newman, convertido al catolicismo, que arrastró a muchos a plantearse seriamente la cuestión de la desunión entre cristianos.
De cada uno no nos separa lo mismo. Estas son las principales diferencias entre el catolicismo y el resto de confesiones cristianas y algunos de los puntos en común:
La cuestión de la sucesión apostólica, de la que depende la validez de sus ordenaciones episcopales y presbiterales. La cuestión de la autoridad del Papa y los obispos, la de los sacramentos.
Hoy en día los temas son más concretos. Por ejemplo, la ordenación de mujeres al sacerdocio, que muchos anglicanos no aceptan y que está promoviendo muchas conversiones al catolicismo entre pastores y fieles, tanto en Europa como en América.
Hay que distinguir entre la Iglesia anglicana alta –más catolizante desde siempre– y la baja, que está más influida por principios luteranos. Los ritos anglicanos de la alta Iglesia son en la práctica muy similares a los católicos, puesto que constituyen una continuidad desde el tiempo católico. Con los anglicanos se ha llegado a conclusiones importantes en el estudio de la autoridad pontificia y episcopal. El documento El don de la autoridad, que ha sido aceptado por esta Iglesia, nos muestra un gran avance en la comprensión de la Iglesia como fue fundada por el Señor. Otra cosa es su puesta en práctica, cosa que no puede ser forzada por el Primado y los obispos anglicanos, al no tener autoridad suficiente dentro de su propia Iglesia.
El luteranismo carece de concepto claro de Iglesia. Para ellos la Iglesia es la local, parroquia o comunidad que se reúne para rezar y oír la Palabra.
La Palabra de Dios es el fundamento de su fe cristiana, aunque ésta admita interpretaciones diferentes por cada uno. Por tanto, carecen de autoridad eclesiástica y de una instancia que defina la fe cristiana con claridad. Tampoco tienen una teología sacramental estructurada.
El único sacramento que conservan “vivo” es el santo bautismo. Bautizan, desde luego, válidamente. En cuanto a la Eucaristía hay entre ellos muchas opiniones. Hay quien se acerca mucho al concepto católico de “presencia real” y hay quien lo rechaza frontalmente. A veces celebran la Eucaristía, pensando que al estar reunidos en nombre de Cristo Él está en medio de ellos.
Con los luteranos se ha llegado a un acuerdo sobre la justificación del hombre ante Dios por los méritos de Jesucristo. En un documento elaborado durante diez años llamado La Justificación se expone la doctrina de ambas Iglesias, que en realidad es la misma, pero que había sido malentendida por los luteranos en cuando a la Iglesia católica, al pensar que nosotros tratábamos de obtener la justificación ante Dios Padre por medio de la Virgen María o de los santos. Ahora está claro que no es así.
Tienen toda la estructura eclesial y sacramental intacta desde los tiempos apostólicos. Lo único que les falta es la obediencia explícita al Romano Pontífice, al que llaman el Patriarca de Occidente. Hay muchas iglesias católicas, es decir bajo la obediencia al Papa, que tienen exactamente la misma liturgia y tradiciones que los ortodoxos en los diferentes países del este de Europa. Entre ellos hay diferencias de matices en su acercamiento a la Iglesia católica, siempre dependiendo personalmente de sus líderes.
Los católicos podemos acercarnos a su eucaristía y participar en ella o confesarnos si no tenemos una iglesia católica en las cercanías. Aunque conviene preguntar al párroco ortodoxo si nos admite, para evitar el escándalo. Ellos son siempre admitidos a recibir los sacramentos en la Iglesia católica, si lo desean.
Juan Pablo II agradeció a la Iglesia Ortodoxa Búlgara el cuidado que tuvo de los fieles católicos durante el tiempo de la gran persecución comunista a la Iglesia católica.
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