CARTA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
EN EL CENTENARIO DE LOS SCOUTS
El 1 de agosto se celebrará el centenario de la apertura, en la
isla de Brownsea, en Inglaterra, del primer campo scout, organizado por
Lord Baden-Powel. Con este motivo, todas las personas, jóvenes y
adultos, que en el mundo un día han pronunciado la promesa scout serán
invitadas, individualmente o en grupo, a renovarla y ofrecer un gesto de
paz, subrayando cómo la vocación de «artesano de paz» está ligada al
ideal scout.
Desde hace un siglo, a través del juego, la acción, la aventura,
el contacto con la naturaleza, la vida de equipo y el servicio a los
demás, se ofrece una formación integral a todos los que se unen al
scoutismo.
Fecundado por el Evangelio, el scoutismo no es sólo un lugar de
auténtico crecimiento humano, sino también el lugar de una propuesta
cristiana fuerte y de una verdadera maduración espiritual y moral, así
como de un auténtico camino de santidad.
Hay que recordar, como subrayaba el padre Jacques Sevin, S.I,
fundador del scoutismo católico, que «la santidad no tiene tiempo ni
uniforme». El sentido de responsabilidad que despierta la pedagogía
scout lleva a una vida en la caridad y al deseo de ponerse al servicio
del prójimo, a imagen de Cristo servidor, basándose en la gracia que
ofrece Cristo, en particular a través de los sacramentos de la
Eucaristía y del Perdón.
Junto a todas las personas que en vuestro país se han beneficiado
de un grupo scout, en los Scouts y Guías de Francia, en los Scouts y
Guías de Europa, o en los Scouts y Guías Unitarios de Francia, me alegro
por el hecho de que, después del llamamiento lanzado en 1997 por mi
predecesor a una mayor unidad entre los scouts católicos, se colabore,
en el respeto de las sensibilidades de cada movimiento, a favor de una
unidad más grande en el seno de la Iglesia.
Los dirigentes scouts se acordarán de que ante todo tienen que
despertar y formar la personalidad de los jóvenes que les han sido
confiados por las familias, ayudándoles a encontrarse con Cristo y
educándoles en la vida de la Iglesia. También es importante que se
manifieste y se desarrolle entre los scouts y entre los diferentes
movimientos la «fraternidad scout», que forma parte de su ideal inicial
y que constituye, en particular para las jóvenes generaciones, un
testimonio de lo que es el Cuerpo de Cristo, en el que, según la imagen
de san Pablo, todos están llamados a cumplir una misión desde el lugar
que les corresponde, a alegrarse con el progreso de los demás y a apoyar
a sus hermanos en las pruebas (Cf.. 1 Corintios 12, 12-26).
Doy gracias al Señor por todos los frutos que, a través de este
siglo, ha ofrecido el scoutismo. Con toda la Iglesia, confío en que los
diferentes movimientos, Scouts de Francia, Scouts y Guías de Europa,
Scouts y Guías Unitarios de Francia, continúen su camino, con un apoyo
cada vez más intenso entre los movimientos, y que propongan a los chicos
y chicas de hoy una pedagogía que forme en ellos una personalidad
fuerte, fundada en Cristo y deseosa de vivir los altos ideales de fe y
de solidaridad humana.
Desde este punto de vista, la promesa y la oración de los scouts
constituyen una base y un ideal que hay que desarrollar a través de la
existencia. Ya lo recordaba Lord Baden-Powel: «¡Sed siempre fieles a
vuestra promesa scout, aún cuando hayáis dejado de ser muchachos, y que
Dios os ayude a hacerlo así!». Cuando el hombre se esfuerza por ser fiel
a sus promesas, el Señor mismo fortalece sus pasos.
A los scouts y guías que componen los tres movimientos, a los
jóvenes, a los adultos y a los capellanes que les acompañan, a las
familias, a los antiguos scouts y guías, les imparto de todo corazón la
bendición apostólica, así como a todos los pastores de la Iglesia en
Francia.
Vaticano, 22 de junio de 2007
Benedictus PP. XVI
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