www.redjoven.org | vida cristiana | formas de vida cristiana | testimonios
 

 
Amparo y Quique, MATRIMONIO
 

  

       Nuestra vocación al matrimonio no surgió de forma imprevista y anecdótica, sino que fue madurando con los días, semanas, meses y años. Creció por amor y con amor.

       Nuestro encuentro no fue un "flechazo"; nos conocíamos desde nuestro trabajo en la parroquia; habíamos compartido reuniones, campamentos y diversas celebraciones. Nos conocíamos y sabíamos cómo éramos. En nosotros existía una atracción que buscaba algo más que el mero contacto físico. Nos buscábamos el uno al otro con la mirada, la sonrisa, la palabra de aliento; y fue creciendo día a día hasta que necesitábamos estar más tiempo juntos.

       Compartíamos un mismo ideal de vida, los mismos valores; sabíamos cuáles eran nuestras diferencias, nuestros gustos,... y fue entonces cuando vimos la necesidad de crear un, proyecto de vida en común. Queríamos ser un matrimonio cristiano, nos sentíamos llamados a ello y sabíamos que necesitábamos de la ayuda de Dios.

       Este proyecto implicaba amarse mutuamente "en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, todos los días de nuestra vida". Realmente se nos pedía muchísimo como personas individuales, pero teníamos la Gracia de Dios que bendijo nuestro matrimonio. Por ello siempre hemos considerado que en nuestra vida matrimonial éramos 3 personas, y que necesitábamos de Dios para ser felices y hacer felices a los demás.

       Desde nuestro noviazgo siempre quisimos ser un matrimonio fecundo, tener hijos y poder darnos a los demás. Cuando nos casamos los hijos no llegaron cuando quisimos, no entendíamos por qué Dios no nos daba los hijos deseados. Buscamos ayuda en la oración y pedíamos que nos ayudara a entender y aceptar nuestro camino.

       No fue fácil como pareja aceptar en un primer momento nuestra infertilidad, pero con la ayuda de Dios entendimos que debíamos ser fecundos dándonos a los demás: queríamos desarrollar nuestra fecundidad social. Y habían muchas formas de hacerlo: impartiendo cursos pre-matrimoniales para novios, participando en actividades sociales, dando todo lo que Dios nos había dado, lo más preciado, nuestro Amor.

       Esta forma de entender el mundo nos abrió el horizonte hacia una posible adopción. La decisión fue fácil, aunque no surgió espontáneamente. Era algo que se había madurado en nuestro interior. Teníamos muy claro nuestro deseo de ser padres.

       El proceso de adopción fue lento y angustioso: innumerables papeles, entrevistas, burocracia y años de por medio. Siempre tuvimos el apoyo y el aliento de nuestros familiares y amigos del Equipo de Matrimonios que nos ayudaron a superar la espera.

       Pero por fin nos asignaron dos preciosos hermanos de 3 y 5 años, los cuales son, gracias a Dios, nuestros hijos. Con ellos nuestro matrimonio ha crecido y nos hemos visto colmados de gracias. Hemos recibido más de lo que habíamos dado.

       Durante la estancia en el país de origen de los niños las dificultades burocráticas continuaron, pero vimos que Dios nos impulsaba día a día a seguir el camino de la adopción. Descubrimos una mayor espiritualidad en nuestra pareja lo que dio un nuevo impulso en nuestra relación. Estas dificultades nos unieron más en lugar de separamos.

       Nuestros hijos han aumentado nuestro amor; son el mejor regalo de Dios y hemos visto cómo lo que tanto le pedíamos en la oración conyugal lo hemos recibido en creces. Para nosotros nuestro matrimonio se ha visto fortalecido con la llegada de nuestros hijos, dando un mayor sentido a nuestra vocación.

       Creemos que a través de nuestra unión conyugal podemos darnos a los demás, ser fieles aun proyecto de vida común y ser testigos de Cristo en nuestro mundo laboral, familiar, escolar y social.