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Mamen, 38 años, SEGLAR

«El por qué de mi vida es mi vocación cristiana»

 

       Han pasado ya 38 años desde que recibí la primera llamada de Dios, y ésta era a VIVIR. Estoy convencida de que Él es el Autor de la Vida, que nada existe sin Él y por Él. Así que yo soy fruto de ese acto amoroso de Dios.

       Desde entonces Él ha seguido cuidando de mí pues el Autor de la Vida cuida de cada una de sus criaturas, no se desentiende de su obra. Es así como a lo largo de los años me ha regalado, ya no sólo la vida, sino me ha concedido el Don de la FE, su gran regalo: creer en Jesucristo, el Hijo de Dios. Desde sus palabras y sus obras, sus gestos y su mensaje, ME LLAMA.

       Si miro hacia atrás me doy cuenta de que esa llamada a vivir la fe como laico, en medio de los distintos ambientes en los que Él me ha ido poniendo, no es ruidosa, no se realiza en medio de acontecimientos grandiosos ni con signos extraordinarios, en ocasiones esperados por mi naturaleza humana. Dios tiene su estilo. Es silencioso y actúa en lo cotidiano y en lo sencillo desde siempre. Sólo hace falta verlo con su mirada.

       Dios, con su Gracia, va haciendo posible cada día que en medio de mi familia, a través de mi trabajo, mis amigos,... lo descubra, lo conozca, lo acepte, me fíe de Él, etc.

       Él me llama. A veces, con el ritmo trepidante que me envuelve, el estilo de vida propuesto por los anuncios, la moda, el vales por lo que tienes,... no lo veo, no lo oigo, no me fío,... pero pronto Él sale al encuentro de nuevo en un amigo, en un rato de oración, en un acontecimiento,... para seguir llamándome. Y así voy viviendo mi vida, descubriendo que es Él el verdadero Camino, la única Verdad y quien da la Vida en plenitud.

       Su llamada me mueve a buscarle en los acontecimientos, a verlo en los demás, a optar por su estilo, aunque a veces haya que ir contra corriente, aunque a veces no lo entiendo,... Yo he visto y he oído a Jesús, no con los ojos y los oídos del cuerpo sino con el corazón. Acepto su llamada y trato de darle una respuesta cada día, en el trabajo, con mis amigos, familia,... aceptándole y sobre todo queriéndole, poniéndome en camino tras sus huellas. Esto me hace feliz.

       Caminar tras Él, con mis ojos en los suyos, y mis pasos en sus huellas, ha ido construyendo una hermosa relación de amistad, muy gozosa. Bien es cierto que en el camino aparecen las cuestas y me tengo que esforzar, o me canso... Pero no puedo olvidar que “el tesoro lo llevamos en vasijas de barro” y que lo importante es tratar de ser fiel; que cuento con su Gracia y su Misericordia. Por eso cada día le pido “hazme nacer de nuevo” para ser una criatura nueva que refleje tu inmenso amor a todos los hombres con los que me voy tropezando a diario, conocidos y desconocidos. Así vale la pena vivir.