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(Boletín Informativo de la CONFER, nº 257. Junio de 2002.)
La misionera valenciana Consuelo García, de la Congregación de Jesús y María, lleva trabajando cerca de ocho años a favor de las jóvenes en la Escuela-Hogar Ban Marina (Casa de María), en Chiangmai, Tailandia. Tailandia es un país eminentemente turístico, sobre todo la zona de su capital, Bangkok; pero la zona norte, la parte e Chiangmai, que es la segunda ciudad más grande de Tailandia, es muy pobre. Las jóvenes que acuden al centro de las religiosas proceden de esta zona geográfica. No poseen recursos económicos ya que, donde viven son lugares montañosos y es imposible el cultivo. Ante esta realidad, las hermanas acogen en su escuela a las más pobres para enseñarles un oficio, y para que así puedan salir de ese círculo vicioso que es la pobreza. Llegan a Ban Marina chicas de entre 15 y 18 años, y vienen a través de las antiguas alumnas, y de misioneros y catequistas que trabajan en las montañas.
Actualmente son 65 las jóvenes que reciben formación de manera totalmente gratuita en la escuela-hogar. El periodo de formación en la residencia es de dos años, y las alumnas reciben formación en cases de corte y confección, diseño, mecanografía, matemáticas, idiomas e informática, así como en formación sanitaria, moral, social y religiosa. Por las manos de Consuelo y de las otras misioneras han pasado cerca de mil jóvenes que, muchas de ellas, se encuentran trabajando en industrias y talleres, o como profesoras de corte y confección. Pero otras antiguas alumnas no lo han logrado. El SIDA, enfermedad que está muy extendida en el país, ha truncado la vida de muchas de las jóvenes de la escuela horas. "La vivencia que más ha marcado –constata Consuelo— no sólo a mí sino también a las hermanas, fue la de una chica budista. Estuvo dos años con nosotras, y cuando salió de Ban Marina se estableció profesionalmente y se casó. A los diez meses acudió a una revisión médica para ver si podía tener niños y descubre que su marido le ha contagiado la enfermedad. El marido de la chica murió al poco tiempo y ella le perdonó totalmente. Es un verdadero problema la irresponsabilidad de los chicos en Tailandia; beben mucho y se van con prostitutas, y no piensan en sus hijos ni en su mujer. Pero esta chica, al conocer su enfermedad, se puso a trabajar por los demás. Trabajó en organizaciones, apoyando a los enfermos sobre todo de una manera psicológica. Estuvo 8 años hasta que falleció. Un verdadero testimonio." En cuanto a la prostitución, Tailandia es conocido fuera del país por su "turismo sexual". Pero según Consuelo, el gobierno se está concienciando y hay escuelas en las aldeas, y la formación y la educación están entrando en la sociedad. Se está elevando el nivel cultural y la prostitución está disminuyendo. Las mujeres encuentran alternativas más dignas para poder subsistir.
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