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Domingo, día del Señor
Oración de la tarde
Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria al Padre...Como era en el principio...
Himno
QUÉDATE CON NOSOTROS
Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo.
¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.
¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.
Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.
Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa.
Salmos
Antífona: Desde Sión extenderá el Señor el poder de
su cetro, y reinará eternamente.
Salmo 109
El Mesías, Rey y Sacerdote
Oráculo del Señor a mi Señor:
"siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies".
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora".
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec".
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso, levantará la cabeza.
Antífona: Desde Sión extenderá el Señor el poder de
su cetro, y reinará eternamente.
Antífona: En presencia del Señor se estremece la
tierra.
Salmo 113
ISRAEL LIBERADO DE EGIPTO
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.
¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Ya vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos.
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.
Antífona: En presencia del Señor se estremece la tierra.
Antífona: Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
Apocalipsis 12
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria
y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios
son verdaderos y justos.
Aleluya.
Aleluya.
Alabad al Señor,
sus siervos todos,
los que le teméis,
pequeños y grandes.
Aleluya.
Aleluya.
Porque reina el Señor,
nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos
y démosle gracias.
Aleluya.
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.
Aleluya.
Antífona: Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
Lectura breve
2 Co 1, 3-4
¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Padre de misericordia y Dios del consuelo! El nos alienta en nuestras luchas
hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha,
repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios.
Responsorio breve
R. Bendito eres Señor * En la bóveda del cielo.
Bendito...
V. Digno de gloria y alabanza por los siglos. * En la bóveda del
cielo. Gloria al Padre. Bendito...
Antífona Magníficat: Proclama mi alma la grandeza del
Señor.
Lucas 1, 46-55
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Antífona Magníficat: Proclama mi alma la grandeza del
Señor
Preces
Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y
digámosle confiadamente: Venga a nosotros tu reino, Señor.
* Señor, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y de
unidad entre los hombres
- y signo de salvación para todos los pueblos.
* Protege, con tu brazo poderoso, al papa y a todos los
obispos
- y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.
* A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a
ti, nuestra cabeza,
- y que demos testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.
* Concede, Señor, al mundo el don de la paz
- y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.
* Otorga a los que han muerto una resurrección gloriosa
- y haz que gocemos un día, con ellos, de la felicidad eterna.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre Nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche,
humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine
siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en
la que tú habitas eternamente. Por Jesucristo nuestro Señor.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna. Amén.
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