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Jueves

Oración de la mañana

 

Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre...Como era en el principio...

Himno

COMIENZAN LOS RELOJES

Comienzan los relojes
a maquinar sus prisas;
y miramos el mundo.

Comienza un nuevo día.
Comienzan las preguntas,
la intensidad, la vida;
se cruzan los horarios.

Qué red, qué algarabía.
Más tú, Señor, ahora
eres calma infinita.

Todo el tiempo está en ti
como una gavilla.

Rezamos, te alabamos,
porque existes, avisas;
porque anoche en el aire
tus astros se movían.

Y ahora toda la luz
se posó en nuestra orilla. Amén.

Salmos

Antífona: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Salmo 56
Oración matutina de un afligido

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos,
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.

Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Antífona: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Antífona: "Mi pueblo se saciará de mis bienes", dice el Señor.

Jeremías 31, 10-14

El Señor reinará a su pueblo con gozo

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
"El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte".

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Antífona: "Mi pueblo se saciará de mis bienes", dice el Señor.

Antífona: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Salmo 47
Himno a la gloria de Dios en Jerusalén

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

Allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

Tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
"Este es el Señor, nuestro Dios."
El nos guiará por siempre jamás.

Antífona: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Lectura breve Is 66, 1-2

Así dice el Señor: "El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y en el abatido que se estremece ante mis palabras".

Responsorio breve

R. Te invoco de todo corazón, * Respóndeme, Señor. Te invoco...
V.
Guardaré tus leyes. * Respóndeme, Señor. Gloria al Padre. Te invoco...

 

Antífona Benedictus: Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

Lucas 1, 68-79
El Mesías y su precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por poca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Antífona Benedictus: Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

Preces

Demos gracias a Cristo, que nos ha dado la luz del día, y supliquémosle, diciendo: Bendícenos y santifícanos, Señor.

* Tú que te entregaste como víctima por nuestros pecados,
-
acepta los deseos y los proyectos de este día.

* Tú que nos alegras con la claridad del nuevo día,
-
sé tú mismo el lucero brillante de nuestros corazones.

* Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean,
-
para que logremos así ser imágenes de tu bondad.

* En la mañana haznos escuchar tu gracia,
-
y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.

Fieles a la recomendación del Salvador, digamos con filial confianza: Padre Nuestro.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.